¿Cómo aprender a gestionar la frustración?

La frustración es una emoción compleja, íntimamente ligada a la impotencia y a la rabia. Todos la sentimos en distintos momentos de nuestras vidas, es natural. Expectativas incumplidas, contrariedad… Gestionarla eficazmente es clave para que nuestros niños y niñas se desarrollen de manera equilibrada.

En las aulas del Colegio CEU San Pablo Sanchinarro están muy presentes las emociones. Queremos que nuestros estudiantes crezcan en competencias y habilidades, sin duda; pero también han de hacerlo en inteligencia emocional, fundamental para su éxito personal, académico y profesional.

La empatía, clave para manejar la frustración

Nuestro equipo de educadores se esfuerzan para que el alumnado desarrolle estrategias para gestionar correctamente la frustración. Se encargan de explicar en qué consiste este proceso y sus fases. Para ello es clave que aprendan a marcarse metas alcanzables y realistas, así como a planificar otras opciones alternativas por si las cosas no evolucionan como esperan. El objetivo es redirigir la frustración a un resultado positivo.

Es fundamental que sean capaces de identificar la frustración y las otras emociones que la acompañan, que pueden ir desde la tristeza hasta la impotencia o la rabia. Después, hay que rebajar la tensión y la intensidad de esas emociones. Una vez se calma la situación, es el momento de analizar y buscar soluciones para llevar a cabo posteriormente. Cuando estas situaciones interfieren en la relación con los demás, es básico poner sobre la mesa la empatía y la cooperación.

Ante una situación que genera frustración en el aula, es muy importante que los alumnos sean capaces de ponerse en el lugar de sus compañeros. Así podrán entender sus puntos de vista y reflexionar para llegar a una solución satisfactoria para todos. Durante todo este proceso, el profesorado debe emplear siempre un lenguaje positivo. Así se enfrentarán con optimismo a estas situaciones, verán la parte buena y seguirán intentándolo en lugar de abandonar.

Las emociones muy intensas dificultan este enfoque empático. Por ello es tarea del educador rebajar el nivel a través de distintas estrategias, que se pueden plantear a modo de juego. Desde el clásico respirar y contar, a cerrar los ojos y trasladarse a un lugar muy agradable que transmita pensamientos positivos, hasta técnicas de mindfulness. Una vez disminuye la sensación de rabia y frustración, el alumno estará preparado para reflexionar y pensar en soluciones, no antes.

La tolerancia a la frustración

Es un aprendizaje que debe darse a partes iguales en casa y en el centro escolar. Así aprenderán desde los primeros años a reconocer sus límites y los de los demás. También sabrán encajar los “noes”; un exceso de permisividad y la sobreprotección será contraproducente y, a la larga, generará adultos que se frusten cuando no puedan satisfacer de forma inmediata sus deseos. Aquí entran en juego el autocontrol y la voluntad, saber esperar y también aceptar las cosas sin reaccionar de forma negativa.

Es tarea de familias y profesores gestionar de forma positiva y cariñosa este aprendizaje tan importante para la vida.

 

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